No existe en Galicia un día en el que no se festeje algún plato porque desde siempre el comer ha sido un arte. Una forma de vida sin la cual no se entiende al gallego. Cada comarca, cada pueblo y en ocasiones cada barrio o parroquia celebran su propia fiesta gastronómica con el fin de homenajear a los productos típicos de esa región. Nacidas como motivo de reunión y xuntanza entre amigos y vecinos, en esta comunidad existen más de 1000 celebraciones donde el buen comer inunda las mesas. Tampoco faltarán el baile, la conversación y el buen humor. Pasen y disfruten.
Tradición inmortal
Las primeras fiestas gastronómicas aparecen en Galicia a mediados del siglo pasado y recobran importancia una vez pasados los efectos de racionamiento de la guerra civil española. Sin embargo, es cierto que ya en el repertorio de las cantigas de amigo en la época medieval encontramos un subgénero referente a ellas: La cantiga de romaría.
Pois nossas madres vam a San Simion Como nuestras madres van a San Simón
De Val de Prados candeas queimar de Val de Prados a quemar velas
nos, as menhinas, punhemos d´andar nosotras, las jóvenes, caminaremos
con onzas madres, e elas enton con nuestras madres, y entonces ellas
queimen candeas por nos e por si, que quemen velas por nosotras y ellas,
e nós, menhinas, bailaremos i. y nosotras, las jóvenes, allí bailaremos.
Estas canciones eran recitadas por las muchachas, que ansiosas por ver a sus amados acompañaban a sus madres a las ermitas. El lugar de encuentro entre los jóvenes ya sería la propia romería en la que se baila y se come. Está claro que todas estas fiestas surgen como razón para reunirse y disfrutar en compañía. Hasta no hace demasiado tiempo, en el medio rural, el propio funeral de un familiar, amigo o vecino bastaba para organizar una abundante comida para los asistentes. Comer para juntarse. Algo que se ha ido pasando de generación en generación y que inmune a la constante urbanización de las villas y crecimiento de las ciudades, persiste en la forma de vida de los gallegos para seguir desbordando los límites actuales.
Un buen ejemplo es el caso del popular “Naseiro”, en el municipio lugués de Viveiro. La “Romaría do bo xantar”, como hoy se le conoce, nació prácticamente como una sencilla merienda realizada por una serie de amigos que iban en excursión. A día de hoy, la fiesta está declarada de interés turístico internacional. Dura una semana en el mes de agosto y en muchas ocasiones los asistentes no abandonan el monte donde se celebra.
Pero la variedad y riqueza gastronómica de este país es inabarcable. Y gracias a ello podemos salientar muchas más fiestas que cada año conocen el éxito y la fama que las sitúa en lo más alto del turismo gallego, en numerosas ocasiones traspasando las fronteras. La Fiesta del Pulpo en Carballiño (Ourense) o La Fiesta del Cocido en Lalín (Pontevedra), popularizada por la Xunta de Galicia, son algunas de las más conocidas. En ellas se come, se bebe, se canta y probablemente nunca se olvidan.
Para gustos, sabores
Si por algo se caracteriza la cocina gallega, es por su variedad. Hasta tal punto que incluso cuesta reconocer el plato típico de cada región. Pero sí es cierto que lo que abunda en todos los menús es el cariño con el que se ha preparado. Una forma de cocinar que evoluciona con los años, pero siempre, conservando la esencia de la tierra. Los diferentes mariscos, tesoros del mar de inconfundible sabor en el resto del mundo, sus sabrosas carnes, sus frescos quesos o sus uvas, semillas de un mimado vino, revelan toda una forma de vida. Un pasado ancestral que inunda con magia las fiestas gastronómicas del pueblo gallego alrededor de la mesa.
Y como no todos los platos provienen del mismo lugar, ni son igual de abundantes en todas las estaciones del año, las fiestas gastronómicas se han ido diferenciando e organizando en torno a un calendario que obedece al lugar y al tiempo.
Geográficamente, la división es sencilla. Las poblaciones costeras y aquellas próximas al mar celebran sus días en torno a los manjares que éste les regala. Serán protagonistas, casi siempre durante la temporada de verano, los municipios de las provincias de A Coruña (Fiesta del Percebe en Corme, de la Ostra o de la Navaja en Finisterre), Pontevedra (Fiesta de la Langosta en A Guarda, del Marisco en O Grove, de la Almeja en Vilagarcía o de la Vieira en Bueu) y Lugo (Fiesta del Bonito en Burela o del Capón en Vilalba).
Por otro lado, por el del interior, abundan las celebraciones en homenaje a un alimento bien distinto. Las carnes. Si la costa ve en el mar el principal recurso de vida, en las zonas interiores de Galicia será el ganado porcino y vacuno el que se apodere de las mesas. Aquí, donde la llamada Matanza tiene gran protagonismo, es el cerdo el gran maestro de ceremonias. Hablamos sobre todo de la provincia de Ourense, donde se celebra la Fiesta de la Empanada en Allariz o las Fiestas del Entroido en las que se acostumbra comer las orejas del cerdo y el lacón. En el interior de Pontevedra este animal también es la esencia de la cocina. Muestra de ello son la Fiesta de los Callos en Meis, la del Cocido en Lalín o la Fiesta del Jamón en A Cañiza.
Tras este pequeño viaje a lo largo de las cuatro provincias gallegas dejamos ahora que cada quien decida volver a aquella que más le guste. Nos toca hablar del pulpo, molusco que no conoce fronteras y que se presenta en los platos de casi todas las parroquias gallegas. Su modo de preparación es sencillo y a la vez tradicional. Basta con cocerlo y trocearlo para finalmente adobarlo con pimentón y rociarlo con aceite crudo. Pero el ritual va más allá de su preparación y actualmente es raro encontrar un hogar gallego que prepare el pulpo. Son por lo tanto las llamadas Ferias del Pulpo, las encargadas de ofrecer esta exquisitez bajo un ambiente colectivo, cercano y casi siempre, al aire libre. Para saborear este plato y sumergirse en una de las fiestas con más tradición de Galicia, viajen a Carballiño (Ourense) el segundo domingo de agosto. En La Fiesta del Pulpo podrán, entre otras cosas, ver como este molusco se saborea mejor en compañía y desde luego, en platos de madera.
Una sobremesa larga
Pero no todo son primeros y segundos platos. Galicia también es lugar de dulces y, como no, de licores que ayudan a digerir el manjar amenizando las conversaciones. En el campo de la repostería la oferta sigue siendo amplia sin encerrarnos en ninguna comarca. El afán artesano del pueblo gallego ha hecho posible que estas delicias sigan siendo un regalo en las mesas. Y quizás por ello, al salir de estas tierras sean estos sabores una de las primeras cosas que se añoren. Hablamos, por ejemplo, del roscón de yema cuya fiesta se celebra en A Guarda, de la Fiesta de los Melindres en Melide (A Coruña), o de la Fiesta de la Rosquilla de Abades en Silleda (Pontevedra). También existen aquellos postres, que, ante una fiesta típica en la región, aprovechan la oportunidad para crear su día con el pueblo. Es el caso del Magosto, de gran popularidad en la provincia de Ourense, y la Fiesta de la Castaña en Verín.
Galicia es además tierra de vinos. Principalmente la mitad sur donde existen cinco denominaciones de origen. Ribeiro, Valdeorras, Rías Baixas, Ribeira Sacra y Monterrey. La tradición y cultura de las uvas también están arraigadas al pueblo gallego y es por eso que, desde siempre, la comunidad celebra la fiesta de la vendimia organizando todo tipo de comidas en compañía de la familia y de todo aquel que prestase ayuda en la recogida de la uva. Ya fuera del hogar, son bien famosas las distintas reuniones sociales que rinden homenaje al buen beber. Destacan la Fiesta de O Ribeiro en Rivadavia (Ourense), La Fiesta del vino Ribeira Sacra en Chantada y Quiroga (Lugo) y la Fiesta del Albariño en Cambados (Pontevedra). En todas ellas, beber y reír.
Fiel acompañante en las mesas es también el galán pan de Cea (Ourense), cuyo día se festeja en el mes de julio o el queso gallego, de increíble frescura y tradición. El queso de Tetilla, también denominado “del país” encuentra sus fiestas en Friol (Lugo) y Arzúa, en la provincia de A Coruña. Aquellos que decidan pasar directamente a los licores contarán además con una serie de días en el calendario gallego en los cuales se les invita a probar el famoso aguardiente, padre de casi todos los licores de Galicia. Pero si existe una bebida ancestral, capaz de aullentar a todo embrujamiento, dejando nuestras almas limpias, ésa es sin duda “La Queimada”. ¿Su fiesta? A mediados del mes de agosto en el municipio de Cervo, Lugo. En una gran olla de barro se obtendrá la pócima que arderá en llamas de color azul mientras se pronuncian las palabras mágicas de un famoso Conxuro…La fiesta está garantizada.









