Manel Loureiro (Pontevedra, 1976) estudió Derecho, pero decidió torcer su camino hasta convertirse en un escritor consagrado, que tocó el éxito con su opera prima “Apocalipsis Z” en 2008, y que desde entonces ha evolucionado como un autor de novela negra. Gana el Premio Fernando Lara de Novela en 2024 y confiesa a Cepas y Vinos que guarda dos vinos muy especiales en su bodega, Riesling y Rioja, para dos fechas también especiales.
Licenciado en Derecho, escritor, presentador, guionista… conocemos la faceta profesional de Manel Loureiro, pero ¿quién es en la intimidad?
Es un tipo que disfruta muchísimo de la vida y de las oportunidades que le ha dado la vida. Que se convirtió en escritor por accidente, cuando trabajaba como abogado y de repente descubrió que la literatura le atropellaba. Porque mi primer libro ni siquiera iba a ser un libro, y cuando se transformó en un libro se volvió inmediatamente un best-seller en cuestión de semanas. Un best-seller en más de 30 países en todo el mundo. Y eso es tener mucha suerte.
Es una persona que disfruta enormemente de su trabajo y que le gusta que le cuiden y cuidar de los suyos.
Me gusta considerarme un buen amigo de mis amigos y soy de los que creen que hay cosas que con un apretón de manos y mirándose a los ojos, ya es suficiente.
En Santiago hay dos universidades, la de la vida (como se suele decir) y la académica. ¿Cómo equilibró Manel Loureiro ambas?
Pues la verdad… depende… Si le preguntas a mis padres, que son los que me pagaron la carrera, te dirían que algunos años disfruté demasiado de la universidad de la vida (risas). Es verdad que tardé algo más de lo establecido en el calendario académico en terminar la carrera, porque disfruté de las dos intensamente, tanto de la académica como de la vida.
También es verdad que, Santiago, como ciudad universitaria, ha cambiado muchísimo. Es decir, yo estudié allí a finales de los 90, principios de los 2000. O sea, imagínate lo que ha llovido. Pero guardo un gratísimo recuerdo y un montón de buenos amigos.


¿Fue una buena época aquella?
Sí, sin duda.
Al terminar tus estudios te abres paso en el mundo de la abogacía.
Sí, y estuve ejerciendo como abogado durante muchos años.
Era algo que me apasionaba, disfruté enormemente de la profesión. El Derecho es el arte de convencer a una tercera persona, que es el juez, de que tu versión es la correcta y la que le están ofreciendo desde la parte contraria, que es diametralmente opuesta, es totalmente mentira y que no deben hacerle caso. Y en ese ejercicio de voluntades interviene no sólo la formación, que tenga razón o no es fundamental, ¿no?
Me fui sobre todo a la rama civil y mercantil, que es una rama menos complicada que el penal, donde arranqué en un principio. Yo creo que le pasa a mucha gente, que empieza a ejercer como abogado. Lo primero que te atrae es como la parte más llamativa, la parte de penal, pero al final es muy complicado porque resulta difícil separar tu vida profesional de tu vida personal, de no arrastrar contigo las cosas que has visto, que en ocasiones son demasiado duras. Así que al final opté por la versión más fácil, que era irme a lo civil y a lo mercantil, que era más lucrativo y más tranquilo.
Pero bueno, tampoco duré demasiado porque enseguida llegaron los libros y me sacaron de ahí.
Fue todo muy seguido…
Sí, se superpusieron de hecho.
Pasé, creo que fueron, tres años compaginando las dos profesiones, la de escritor y la de abogado, hasta que me di cuenta que eran totalmente diferentes y que no podían ir de la mano, porque en algún momento iba a cometer algún error por prestarle más atención a la una que a la otra. Y si cometía un error en mi carrera de escritor no pasaba nada, pero si cometía algún error en mi carrera como abogado podía tener consecuencias para terceras personas. Así que me hice trampas al solitario. Me dije a mí mismo que me iba a tomar un año sabático de mi trabajo como abogado para dedicarme solo a escribir.
Y lo hice. Al terminar ese año sabático decidí que era buena idea prolongarlo durante otro año más, porque me iba muy bien y me lo estaba pasando muy bien. Y lo hice.
Al terminar ese segundo año sabático me di cuenta de que había hecho como Hernán Cortés cuando agujereó sus barcos. Ya no había vuelta atrás.
Se me habían olvidado muchas cosas en esos dos años, mi cartera de clientes se había dispersado, en parte porque no iban a esperar por un abogado que no estaba trabajando. Había dejado de aprender un montón de cosas que se habían incorporado al mundo jurídico en ese tiempo. Y lo más importante, ya no quería volver.
Fíjate, tomé esa decisión hace 15 años. 15 años ya. Y el tiempo pasa volando. Me he hecho mayor escribiendo. Estoy a punto de cumplir 50 y empecé a escribir el día que cumplía 30 años. O sea, imagínate, llevo 20 años de mi vida dedicándome a esto.
Le he dedicado la mayor parte de mi vida profesional y gran parte de mi vida personal. Para mí es mi vida.
La sorpresa la da el libro Apocalipsis Z…
¡Y tanto!
¿Cómo recuerdas cómo viviste ese momento?
Como un momento eufórico, pero muy confuso también. No entendía muy bien qué era lo que estaba sucediendo a mi alrededor, me sentí como Mickey Mouse en Fantasía, la película de Disney. Mickey es un aprendiz de mago que está con Merlín. Merlín se va, lo deja solo en su torre y Mickey empieza a liarla con la varita mágica. Y empiezan a pasar cosas a su alrededor que no puede controlar.
Yo tenía esa sensación, de que estaba en medio de un vendaval que había provocado, pero que era incapaz de adivinar hacia dónde iba, cuáles eran sus límites y cómo controlarlo. Lo recuerdo como un momento excitante. Tengo fogonazos… Recuerdo el momento en el que el blog se transformó en un fenómeno viral y yo en mi despacho abogado no daba crédito. Recuerdo el día que me hicieron mi primera propuesta editorial: el correo, la llamada. Recuerdo el día que vi mi primer libro por primera vez en un escaparate, una librería. La sensación alucinante de ver mi nombre allí escrito.
Recuerdo cuando explotó, recuerdo cuando se convirtió en uno de los libros más vendidos en España. Recuerdo cuando se publicó en Estados Unidos y de repente estaba entre los cinco libros más vendidos en Estados Unidos y yo en mi casa, en Pontevedra, sin ser consciente muy bien de cómo había llegado aquello allí ni qué había pasado por el camino.
Ahora, con los años, que ya entiendo más y que ya he aprendido a desenvolverme en mi profesión, puedo decir con más rotundidad que una cosa es escribir y otra cosa es vender libros. Son dos cosas que la gente a veces confunde y que sí, que van de la mano, pero que son dos ejercicios que requieren actitudes y aptitudes totalmente diferentes.
Tras la opera prima imagino que el escritor madura y empieza a vislumbrar hacia dónde quiere dirigir su carrera…
Vas descubriendo muchas cosas. Tu voz, tu estilo y, sobre todo, vas aprendiendo permanentemente. El Manel que empezó a escribir con 30 años se parece muy poco al que está hablando contigo hoy. Lo que me apetecía leer entonces y lo que me apetece leer ahora es distinto a lo que me apetecía escribir entonces y lo que me apetece escribir ahora es distinto a lo que escribía entonces. El estilo de literatura que hacía, que era el rollo más gamberro de zombies y demás, a lo que escribo hoy en día, que es thriller y novela negra, es distinto.
Vas descubriendo el camino a medida que lo haces. Tienes una idea aproximada de hacia dónde tiras y tratas de hacerlo lo mejor posible para que se cumpla en los plazos más cortos posibles y con el menor sufrimiento posible. Pero yo creo que eso pasa en todas las profesiones. Te pasa a ti, me pasa a mí, le pasa hasta a un funcionario, ¿sabes? Que tienen la vida más normalizada y más tranquila porque tienen una plaza para toda la vida. Yo creo que es inevitable que todos tracemos un plan y que después nos vayamos adaptando a él.
Un inciso, recientemente conseguiste que Apocalipsis Z acabe en una plataforma de streaming.
Uf, eso fue muy largo (risas). Ese proyecto se levantó y se cayó un montón de veces. Iba a ser una serie en Mediaset y hubo un cambio en el departamento de ficción y se vino abajo. Iba a ser una película para estrenarse en salas y la productora se fue al carajo. Iba a ser un proyecto en Antena 3 y también se vino abajo.
Yo pensé que era un proyecto que estaba maldito, hasta que por fin Nostromo lo cogió en sus manos, lo levantó y se acabó transformando en una serie de varias películas que hemos empezado el rodaje de la segunda hace un par de semanas, por cierto. Se convirtió en una serie de películas en Amazon. Que, por cierto, la primera película es la película más vista de toda la historia de Amazon a nivel mundial.
Y una de las películas españolas, creo que es la segunda película española más vista del 2024, después de La Sociedad de la Nieve. O sea, es una acogida extraordinaria. Con todo este tiempo, con toda esta montaña rusa, he tenido mucho tiempo para aprender, para gestionar emociones, para emocionarme, para llorar, para levantarme otra vez, para volver a deprimirme, para volver a levantarme eufórico, hasta que por fin ha salido.
En este punto de mi carrera, en el que ya estoy con más producciones audiovisuales en mis manos y a mis espaldas, lo veo de una manera diferente. Me doy cuenta que me podría haber ahorrado un montón de sufrimiento por el camino, pero no hubiese aprendido todo lo que sé.
Hay una generación de autores y de autoras, más o menos de la misma edad, que estamos viviendo una transformación del mundo en el que pasamos de ser simplemente escritores a ser creadores de contenidos. Contenidos que pueden ser libro, serie, audiolibro, película, videojuego… Pueden ser tantas cosas que, al final, ya cuando escribes, eres consciente de que tienes una dimensión mucho más grande que un simple libro.


¿Qué grado de implicación tienes en las producciones audiovisuales? ¿Asesor externo o vives el día a día?
Estoy con varios procesos ahora mismo y en todos los niveles de implicación. En algunos solo participo desde fuera, y en otros estoy tan metido que estoy actuando como productor ejecutivo. Como comprenderás, dependiendo del proyecto hay una variación y una graduación enorme.
Continuando con la carrera literaria, tu última novela fue ganadora del premio Fernando Lara.
Es un reconocimiento, porque los lectores están bien, pero también es un reconocimiento más académico, institucional. También es un peso: lo cambia todo.
Tú ves la lista de los ganadores y las ganadoras previos del Fernando Lara y a mí me temblaban los hombros. Umbral, Zoe Valdés, Ian Gibson, Terenci Moix, Sánchez Drago… De repente el nombre se suma a esa lista de nombres. Y te das cuenta de que pasas a formar parte de un club que no te hace ni mejor ni peor autor, pero sí que te pone en un sitio muy especial a donde llega poca gente.
Cuando estás ahí es una especie de reconocimiento a toda una carrera, y además te da una sensación de que, a partir de ese momento, todo lo que hagas va a ser escrutado y analizado con muchísima más atención. Es el momento en el que te das cuenta de que esto va en serio.
¿En qué nuevos proyectos estás trabajando? ¿Quizá una novela nueva de la que nos puedas contar algo?
Estoy trabajando en el manuscrito de mi próxima novela, que tengo que entregar este año. También con dos adaptaciones audiovisuales de dos libros míos diferentes. Estoy con un proyecto original para una plataforma, con un proyecto de audioserie… Con muchísimas cosas en marcha. Y con la tele, claro, que hago tele en Galicia todas las semanas.
¿Qué nos puedes contar del manuscrito en el que estás trabajando?
Nada. No te voy a romper la cabeza: no te puedo contar nada, lo siento.
¡Estaremos atentos, entonces!
No me gusta contar ciertas cosas. Mientras estás trabajando puedes sufrir muchos cambios.
Participaste en Ribadumia en un encuentro de viticultores y escritores, así que, anticipo, como mínimo te gusta el vino.
Para mí el mundo del vino ha sido un enamoramiento, gradual pero irreversible. Yo venía de ese concepto errado, de cuando eras joven, y te creías que el vino era una bebida de señores mayores. Y te das cuenta de que no. Es para todos los públicos y un mundo extraordinariamente complejo, que, por mucho que profundices y por muchas catas y cursos que hagas, nunca vas a rascar todo el iceberg, siempre estás aprendiendo cosas.
Me encanta el mundo del vino, me encantan los vinos, los disfruto, tanto mi mujer como yo los disfrutamos profundamente en casa y nos encanta probar uvas y probar denominaciones de orígenes distintas y cosas diferentes. Sí que es verdad que, por ejemplo, siendo gallego, cada vez que voy afuera tengo que escuchar aquello de “¿qué vas a tomar?” Y si dices un blanco automáticamente te dicen “uva albariño, ¿verdad?” Y no, y muchas veces no tiene por qué. El albariño no es una uva que me guste inicialmente, y eso que reconozco que es esencial y que es la bandera de las uvas de Galicia.
Dan por supuesto que todos tenemos que ser defensores a ultranza, sin parar a pensar que sí, que es una uva excepcional y que yo admiro muchísimo y creo que hay grandes albariños, pero donde me puedas dar un buen Ribeira Sacra o un godello, vamos, lo tengo clarísimo. Y aquí ya me estoy mojando y ahora ya estoy viendo que los defensores del albariño me van a arrancar la cabeza (risas).
Creo que la gente también se ha acomodado, y a lo mejor por no descubrir cosas nuevas te quedas con lo de siempre. A mí, para mi gusto, los albariños en general, y creo que es una tendencia que lleva la uva en los últimos años, el sector al final trata de homogenizar un poco y ha ido derivando hacia unos sabores cada vez más ácidos, más salinos. Y a mí esos matices no me acaban de convencer.
Con el tinto me pasa algo parecido con el mencía, prefiero sousón o brancellao.
Prefiero un Ribeira Sacra o un godello. Hay pequeñas bodegas de Ribeira Sacra que están haciendo cosas espectaculares, en blanco estoy hablando, que a mí me tienen enamorado.
¿Qué bodega, qué vino, resulta imprescindible para ti?
El año pasado empecé a profundizar no solo en vinos españoles, sino en internacionales, y de repente descubrí una denominación de origen que a mí me tiene absolutamente enamorado. Es una denominación pequeñita francesa, Chateauneuf-du-Pape. Y creo que los Châteauneuf -du-Pape. Llevan las llaves de San Pedro grabadas en el vidrio de la botella. Personalmente, me encantan.
Francia es una institución en vinos.
Es una puñetera locura, aunque también hay mucha tontería. Si alguien se ha especializado en vender bien su producto son los franceses, que nos han metido muchos goles, sobre todo con algunos burdeos de estos del lineal de supermercado que te meten a un precio demencial para la purrela que es.
¿En qué momentos te gusta disfrutar de un buen vino? ¿Cuál es ese momento en el que dices, “me lo merezco, voy a abrir la botella, a hacer el ritual”?
Hay dos momentos que son especiales. Uno, los fines de semana, cuando estoy cocinando con mi mujer. Nos encanta abrir una botella de vino, escogerla entre los dos y abrirla en ese momento y tomárnosla juntos. Y otra es esa copa de vino por la noche, ya cuando los niños están acostados, se ha acabado el día, cuando tienes ese momento de sentarte en la terraza y poder disfrutar de un rato de aire fresco, charlar, ver cómo ha ido el día. Es el momento perfecto para tomarse una copa de tinto de forma relajada.
Todos los amantes del vino tenemos guardada una botella para ese momento especial, que a veces no llega. ¿Tienes alguna?
No tengo una, tengo dos. Para dos cosas distintas, que no te voy a decir que si no las gafo. Pero tengo una botella de un Riesling en blanco, que es un vino estupendo que tengo para una cosa, y después tengo una botella de una bodega de unos amigos riojanos de la Rioja Alavesa, Los Siete Pecados Capitales.
Son botellas que vienen en unas cajas de siete y tengo uno de esos pecados guardado en mi biblioteca, esperando que llegue el momento y el sitio y el lugar para abrirlo y brindar con ella.




