Entrevista con Isaac Rodríguez Silva, ingeniero agrónomo especialista en poda

“Con la poda intentamos conseguir el mayor número de racimos posible sin perjudicar la calidad”

 

Issac Rodríguez Silva (Moaña, 1974) aconseja desde Aseragro a numerosas bodegas gallegas sobre poda, una actividad fundamental que marca la producción del viñedo y ayuda al crecimiento sostenible de la viña.  Rodríguez Silva nos explica el detalle de su trabajo diario y las diferencias que existen a la hora de podar una variedad u otra. Ingeniero agrícola de profesión, siempre tuvo claro que se iba a dedicar al  mundo del vino, con el que siempre estuvo en contacto puesto que en su familia siempre hubo viñas. Afortunadamente logró dedicarse a lo que para él es su verdadera pasión.

 

Se formó como Ingeniero agrícola de formación, ¿por qué empezó a trabajar en el mundo del vino?

Siempre tuve claro que iba a trabajar en este sector, más que nada por vocación familiar. En casa siempre tuvimos viña y desde donde recuerdo, siempre me atrajo este mundo por lo que tenía muy claro a que me iba a dedicar cuando decidí mis estudios.

¿Qué importancia tiene la poda en la viticultura?

Se puede analizar desde diferentes puntos de vista. Por ejemplo, está el tema de la producción y la regulación a lo largo de los años. Es decir, te interesa podar para mantener una producción estable, constante y que sea económicamente rentable. Y para eso estamos los técnicos que decidimos cuántos ojos vamos dejando, qué carga tenemos que dejar por hectárea en función del tipo de suelo, la variedad… Básicamente se trata de mantener la producción de kilos por hectárea a lo largo del año.

Por otro lado, la poda es la operación más importante que podemos realizar en un viñedo porque al final es lo que te va a marcar la producción que vas a tener, no hay nada que marque tanto como eso, ni siquiera la certificación, que también tiene su importancia. Así que realmente, desde la óptica de la producción, la importancia de la poda es primordial. También desde el punto de vista sanitario  porque nos estamos dando cuenta de que, conforme pasan los años, prestarle atención a pequeños detalles como la sanidad de la herramienta de poda, el usar pasta cicatrizante, descartar cepas que vemos que tienen enfermedades de madera y sacarlas de la finca para evitar contagios… Todas esas cosas también tiene su importancia. Por último, tenemos que ver qué hacemos con los restos de poda, si los trituramos, los incorporamos, los retiramos… Son decisiones que se irán tomando en función de la sensibilidad del técnico que gestiona la explotación de cara a la huella de CO2, entre otros aspectos.

Si se da caso de que el técnico quiere conseguir esos objetivos, la madera de poda se deja sobre el terreno, se tritura lo mejor posible y se incorpora. Y si el técnico le da prioridad a la sanidad vegetal, a disminuir el inóculo de determinadas enfermedades, pues en caso de que esta madera esté muy tocada, se retira.

¿De qué manera la poda influye en la optimización de los recursos hídricos?

Con la poda, al final lo que estás gestionando es la cantidad de vegetación que vas a tener. ¿Y cómo se gestionan los recursos hídricos? Bueno, si tú lo que quieres es minimizar la evapotranspiración, tendrás que irte a sistemas de conducción con una copa más reducida, unos patrones menos vigorosos y, por así decirlo, que la planta tenga menos vigor al igual que el viñedo, para que desarrolle menos hoja y así evapora menos agua. No es el caso de Galicia, aquí normalmente no tenemos ese problema y las plantaciones suelen tener  un vigor medio/alto porque el tema del agua no suele ser un problema. Y digo no suele porque con el cambio climático este tema nos empieza a dar problemas.

¿Existen diferentes tipos de poda?

Lo que te condiciona fundamentalmente el sistema de poda es la variedad, no es lo mismo podar una Mencía, que una Godello, Albariño o Treixadura…  Cada variedad tiene su propia fertilidad y lo que nosotros intentamos con la poda es conseguir el mayor número de racimos sin perjudicar la calidad. Es decir, si una planta puede tener 40 racimos de una calidad buena, no vamos a intentar sacarle 50 para tener una calidad mediocre, ni 30 para tener una calidad excepcional si el mercado no lo paga.

¿Cuál es la variedad más resiliente?

Las autóctonas, siempre. Al final es como todo, los propios enólogos están hablando de conceptos como el terroir y el vino de las variedades propias de la tierra es el que alcanza su máxima expresión. En el caso de las cepas pasa exactamente lo mismo, son variedades que secularmente fueron adaptadas a la zona en la que estamos, pero eso no quiere decir que no haya otras zonas en el mundo donde no se puedan dar bien, pero siempre en condiciones similares. En la franja atlántica hablamos normalmente de variedades blancas o tintos de un ciclo más bien cortito porque es la forma de conseguir maduración. Y estas son las mejor adaptadas. De hecho, más del 90%   de las variedades que se plantan aquí, son propias de esta zona. Al final en Galicia  tenemos un tesoro varietal que nos permite mezclar, sacar plurivarietales y sacar el esplendor de cada variedad.

¿Y qué variedad requiere más trabajo de poda?

Sobre todo las más alejadas de esta zona. Por poner un ejemplo, podríamos hablar de la Mencía y el Godello, son gallegas pero son variedades de interior, de tierras muy calientes en verano y con unos fríos muy intensos en invierno, Son dos variedades que exigen una poda corta y aún así dan muchísima producción. Esto nos obliga a hacer podas en verde, eliminar racimos y adecuar el estado vegetativo, una vez que brote, a la cantidad de uva que tenemos. Lo que es la poda de invierno es muy sencilla porque no dejan de ser tocones espaciados por 15 o 20 centímetros como mucho, pero después esos tocones rebrotan y dan muchísima carga, por lo que necesitamos acompañar con poda en verde.

¿Qué supone una poda en verde?

Es la supresión de brotes que tienen menos vigor, supresión de racimos que sabemos por su disposición que no van a alcanzar las cotas de calidad que necesitamos, y deshojados, básicamente.

¿Hay algún momento que marque el inicio de la poda en Galicia?

Realmente, el inicio de poda la marca la disposición de recursos de la propia bodega. Tenemos que adaptarnos un poco a los recursos de mano de obra especializada en poda de cada bodega y las hectáreas que tenemos y en función de eso empezamos antes o después. Si tenemos pocos recursos de mano de obra y mucha superficie empezamos a podar incluso antes de que se caiga la hoja, que vamos bien de mano de obra, pues nos permitimos el esperar a que caiga la hoja, que es lo ideal, que la madera esté seca, que no haya movimiento de savia y ahí arrancamos. Y luego si podemos elegir, que no llueva.

¿Se está adaptando la poda a las nuevas condiciones que trae consigo el cambio climático?

Eso es prácticamente imposible de combatir, tenemos que adaptar la poda a lo que te decía antes. Las heladas siempre suelen venir en abril y en abril normalmente la viña no brotaba, pero ahora lo hace en marzo… Si sabemos que eso sucede, las parcelas sensibles las dejamos para podar al final. Pero después hay episodios impredecibles, con los que no cuentas.

¿Quién diseña la poda?

Eso depende del tamaño de la bodega y de la inquietud que tenga el propio viticultor. Hay viticultores pequeñitos que se dejan asesorar y hay otros que tienen claro qué es lo que quieren hacer. Va un poco en función de la personalidad de la gestión de cada explotación.  Por suerte, con las bodegas que asesoro nos entendemos perfectamente, lo hablamos, hay un par de días de formación, después tenemos una supervisión. Y el diseño de la poda no es algo que esté cerrado porque lo que hoy no vale, mañana seguramente sea considerado como válido y lo que hoy se utiliza, mañana puede ser denostado. Estamos en constante evolución.

¿Ha cambiado mucho este trabajo desde los años 90 a la actualidad?

Sí y no, a grandes rasgos es la misma forma de podar, pero los matices han cambiado muchísimo. Detalles como el que contaba antes de tener cuidado con las enfermedades de madera, la disposición de la madera… Este tipo de detalles ha cambiado sustancialmente la forma de podar, aunque haya quien piense que se hace todo igual que hace 30 años.

¿La figura del ingeniero agrónomo como encargado de la poda es lo habitual?

No es que sea muy habitual, pero tampoco es algo extraño. Nosotros llevamos muchos años trabajando en asesoría vitícola y  no hay muchos que se dediquen exclusivamente a lo que haceos nosotros, eso es cierto, pero sí se puede compatibilizar con tema de venta de maquinarías, con la venta de productos fitosanitarios… En nuestro caso nos dedicamos únicamente a la asesoría.

Por otra parte, este trabajo al final lo paga la uva, así que en función del tamaño de la explotación, la empresa se puede permitir tener un técnico más o menos tiempo. Y no deja de ser ni bueno, ni malo, hay  veces que con que vaya dos veces para definir la estrategia de poda es suficiente y otras que debido a la extensión de viñedo tengo que ir semanalmente.